1. ¿Qué pasa con una errata?
Es la prueba más barata y la más reveladora. Escribe mal un producto
que sabes que tienes: quita una letra, cambia dos de sitio. Un
buscador que hace LIKE '%texto%' contra la base de
datos devuelve cero. Uno con distancia de edición lo corrige. Pide
además que la corrección sea contra tu catálogo, no
contra un diccionario del idioma: en una tienda de recambios,
«PNRB18» no está en ningún diccionario.
2. ¿Busca por la referencia de la variante?
El código que el cliente tiene delante —el de la talla concreta, el
del color concreto— no suele ser el del producto padre. En
PrestaShop vive en otra tabla, y la búsqueda nativa no entra ahí.
Prueba con una referencia de combinación real. Es la pregunta que
más se olvida y la que más ventas cuesta en catálogos técnicos.
3. ¿Cuánto tarda, y medido sobre qué catálogo?
Un buscador rápido para ecommerce se demuestra con un número, no con
un adjetivo: «instantáneo» no lo es. Pide milisegundos y pide el tamaño
del catálogo con el que se midió: 20 ms sobre 200 productos no dice
nada sobre lo que hará con 20.000. Un motor que mantiene el índice
en memoria responde en menos de 20 ms en catálogos
de decenas de miles de fichas. Si no te dan la cifra, asume que no
es buena.
4. ¿Puedes ver y cambiar por qué sale cada resultado?
Aquí es donde se separan de verdad. Muchos buscadores ordenan con un
modelo propio que no se explica ni se toca: cuando un accesorio sale
por delante del producto que menciona, no hay nada que hacer salvo
abrir un ticket. Pregunta si puedes ver el peso de cada campo
—nombre, referencia, descripción, categorías— y cambiarlo tú. Si la
respuesta es que «el algoritmo aprende», estás comprando una caja
negra.
5. ¿Qué carga mete en tu servidor?
No solo el buscador: también los filtros de categoría. En PrestaShop
los filtros nativos calculan cada conteo con consultas a la base de
datos, y un rastreador recorriendo combinaciones de filtros tumba
tiendas reales —no es teórico, pasa—. Pregunta cuántas consultas a
MySQL cuesta una búsqueda y cuántas un filtro aplicado. La respuesta
buena es cero en los dos casos.
6. ¿Te enseña lo que NO se encontró?
Las búsquedas sin resultados son el informe más barato que existe
sobre tu propio catálogo: son clientes diciéndote con sus palabras
qué esperaban encontrar y no estaba. Unas veces es un hueco de
surtido; otras, un producto que sí tienes pero llamado de otra
manera. Un buscador que no registra eso te está escondiendo la mitad
de su valor.